viernes, 2 de mayo de 2008

Alfabetización

Érase una vez, en un lejano pueblecito del sur de Italia, una niña de cinco añitos. A Doriana, ese era su nombre, sus padres le dijeron que tenía que “formalizar su instrucción”, y la llevaron a la escuela primaria.
Doriana no entendía muy bien esas cosas de adultos, pero en la escuela aprendía muchas cosas interesantes y eso le encantaba. Estudiaba mates y literatura, historia y geografía, religión y ciencias. Sin embargo, algo faltaba para que todo eso se aprendiera bien. Lo más importante y lo que subyacía todo el aprendizaje era la lengua, el italiano, y eso era lo primero que Doriana tenía que aprender.
Los primeros días de clase Doriana y sus compañeros, para aprender italiano, sólo tenían que hacer ejercicios orales: escuchar y comprender conversaciones, contar cuentos y cantar canciones, canturrear cantilenas y recitar poemas.
A medida de que los días trascurrían, los ejercicios orales ya no eran tan importantes y se podía hacer lado a otras actividades. Había llegado el momento de arriesgarse a leer y comprender, producir y reelaborar textos.
Y ¿cómo vamos a hacer todo eso? Pensaba Doriana.
Fácil. El primer instrumento a utilizar era el abecedario, la lista en orden alfabético de las letras del idioma. Había que tomar cada una de las 21 letras del alfabeto italiano y escribirla una y otra vez, una y otra vez.
- “Una paginita de As” decía la maestra, y escribía en la pizarra la letra a copiar.
- “Y ahora una de Bs y una de Cs” . Y seguía escribiendo y cambiando de mayúsculas a cursiva.
- “Y ahora vamos a juntar las letritas…empecemos, A de árbol, B de barco, C de casa,…”, continuaba la maestra enseñando las cartulinas del árbol, del barco y de la casa con los respetivos dibujos y palabras. Y todos los niños escuchaban, copiaban y repetían.
Esto duró varias semanas, hasta que Doriana y los demás niños aprendieron a escribir todas las letras del alfabeto, a juntarlas para formar palabras y textos breves por su propia cuenta, a distinguir entre vocales y consonantes, a leer y comprender.
Ésta es la historia de cómo Doriana fue alfabetizada y de cómo movió sus primeros pasos en el maravilloso mundo del italiano. Ahora Doriana es una niña mayor y poquito recuerda de aquella época en la que le tocaba copiar y recitar. Sin embargo, cuando lo piensa, todavía le vienen con cariño a la mente las cartulinas coloreadas de la maestra, los coros de niños y las cancioncitas que le servían para aprender a leer y escribir.

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